Introducción
Esta colección de versos es un modesto homenaje a la obra de «El Marqués de Sade» (Donatien Alphonse François de Sade), quien fue severamente perseguido, censurado y privado de su libertad. Ya en el siglo XX, movimientos como el surrealismo (con figuras como Luis Buñuel o Salvador Dalí) y pensadores intelectuales (como Simone de Beauvoir) iniciaron el rescate de su obra, reconociéndolo como un defensor de la libertad sexual absoluta. Su nombre dio origen al término «sadismo», vinculado al placer derivado del sufrimiento.
Inicio este homenaje con:
Juliette
En un mundo de sombras y de engaño,
donde la ley del hombre es un rebaño,
dos hermanas tuvieron dos caminos,
tejidos por los mismos desatinos.
Una, Justine, buscando la pureza,
halló la muerte, el ultraje y la tristeza;
la otra, Juliette, con alma de acero,
tomó el vicio y el crimen por sendero.
En claustros donde el dogma impera mudo,
Juliette encontró un arma y un escudo:
pues la virtud es frágil y cansada,
dejó que el mal guiara su jornada.
Vio en el pecado el gozo supremo,
cruzando el mundo sin piedad ni freno.
El oro, el poder y la lujuria
fueron su fe, su norte y su furia.
De abadesa impía a reyes crueles,
dejó su rastro en miles de pieles.
Hizo de su cuerpo placer y vileza,
pues no hay más dios que la propia grandeza.
La naturaleza dicta que el fuerte
imponga su ley y burle la muerte;
así, Juliette escaló hasta la cima,
haciéndose del mundo su esclava y su víctima.
Moraleja
La obra refleja cómo, en un sistema cínico, el egoísmo y la transgresión pueden ser herramientas efectivas para el triunfo personal, exponiendo la fragilidad de la moralidad convencional.