Invocación de Sombra y Vicio
Oh, Juliette, alma de acero y fina seda,
peregrina incansable del reino del vicio,
que marchas ajena al yugo de la piedad.
Te entregas por entero al terrible Saint-Fond,
ministro de la noche y del crimen oscuro,
cuyo abrazo es sima de abismo sin fin.
En su regazo de sombras, la maldad ya no es refugio,
es culto sagrado de sangre y de fuego.
Bajo su tutela feroz, tu voluntad se funde con la suya;
desatáis juntos la tempestad sobre los débiles,
donde el dolor ajeno florece y
se vuelve el néctar más dulce de los placeres.
Eres la sacerdotisa en su altar de impunidad,
la ejecutora de sus caprichos más impíos, caminando libre y
triunfante sobre las cenizas de la moral.
En este aquelarre de los poderosos,
donde las leyes humanas se desvanecen en el aire,
encuentras tu apogeo y tu corona;
pues en el mundo que Saint-Fond domina,
la gloria no pertenece a la frágil virtud,
sino a la magnífica y resplandeciente cúspide del vicio.
Moraleja
Quien edifica su imperio sobre el sufrimiento ajeno y
corona su frente con el vicio,
hallará en la cima del mal su aparente triunfo terrenal;
más la historia revela que tal grandeza es una ilusión efímera,
pues quien se alimenta de la destrucción,
termina devorado por su propia oscuridad.
Gracias por adentrarte en la oscuridad de este homenaje y soportar la crudeza bizarra del Marqués de Sade. Espero que el eco inquietante y oscuro de “Juliette, o las prosperidades del vicio” te acompañe.
Me gustaría conocer tu opinión sobre este viaje a los abismos de la naturaleza humana.
Juan José Montes Noriega
El Escriba glotón
