Los trompos, juguetes coloridos de antaño torneados en madera con aguda punta de clavo, son naves de giros vertiginosos y armas en feroces batallas que cobran vida especialmente en el patio de la escuela.

Ernesto sonríe con su trompo de colores

Ernesto, mi nieto, es un hábil jugador y me gusta observarlo practicar en casa desde mi silla en el comedor, lo que me hace viajar en el tiempo. El zumbido de la piola y el impacto seco contra el suelo despiertan en mí una dulce nostalgia, recordándome que, aunque los años pasen, la magia de estos trompos sigue girando a través de las generaciones y despertando sueños…

—Cierra los ojos, tata. Ven conmigo.

El Tata y Ernesto, cómplices del mismo juego

El zumbido de la piola se convierte en el viento del pasado. Ernesto me toma de la mano y corremos hacia un lugar donde los colores del trompo forman una estela brillante y dorada que borra el tiempo. Hoy, abuelo y nieto somos los héroes de nuestra propia aventura giratoria.

Nuestro entorno se desvanece y da paso a un coliseo luminoso. En medio de un rugido de emoción, Ernesto lanza su trompo con destreza. Su nave, ahora de madera muy colorida, cae al suelo y aguarda el desafío. De pronto, un torbellino rival se acerca como un cometa. El choque de los aguijones produce un estruendo y una lluvia de chispas doradas.

El Tata y Ernesto celebran con un choque de manos

Ernesto, con una sonrisa de complicidad, me hace una seña. Juntos damos un paso al frente. Yo, el abuelo, recordando la fuerza de mi infancia, le susurro un secreto de antaño para que el trompo no pierda el equilibrio. El trompo de Ernesto cobra una velocidad vertiginosa y zumbante al ser levantado por él con la piola; esquiva el ataque del oponente y contraataca con un giro perfecto que deja a todos maravillados.

Hemos ganado la batalla.

Mientras los niños celebran la victoria en este mundo de fantasía, Ernesto y yo nos abrazamos, cuando el torbellino de madera se eleva hacia el cielo suavemente, transformándose en una estrella fugaz que une nuestros dos corazones: el del niño que apenas comienza a soñar y el del abuelo que atesora cada giro como magia. Porque los recuerdos no se marchitan: solo giran en el tiempo y, entre giro y giro, continuamos tejiendo nuestras historias.

Moraleja

Dos generaciones, un mismo giro

El amor y los recuerdos compartidos trascienden el tiempo. A través del juego, el abuelo y su nieto logran unir dos generaciones, demostrando que la magia de la infancia y las tradiciones nunca se pierden, sino que se heredan y se transforman en un vínculo eterno.

Gracias por leer en El Escriba Glotón

Espero que esta publicación sea de su agrado y merezca sus valiosos comentarios y sugerencias en el chat. Saludos cordiales.

Juan José Montes Noriega — El glotón metiche. · eltatagloton@gmail.com

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