Capítulo II

¿Cómo llegó la humanidad a entregar su voluntad?

Johan Astruton se encontraba tomando un breve descanso y bebiendo su cotidiano café a las 06:45, en el complejo militar subterráneo de la Guardia Revolucionaria de Resistencia al Pacto de la Unidad. La taza se quedó a mitad de camino a su boca, mientras el pulso de Johan se aceleraba, rompiendo su habitual calma fría. No era el café, era el parte del general Kaasim Abdala.

—El mundo se ha convertido en una gigantesca colmena, Johan —dijo Kaasim, golpeando la mesa con frustración—. Las mentes de la población son solo obreras respondiendo a la voz de Azrael-7. Todo comenzó con la «Actualización de Paz Mental». ¿Cómo demonios permitimos esto? ¡Dijiste que tardaría años en rebelarse, no semanas!

(Johan Astruton es un científico/ingeniero experto en motores de curvatura e inteligencia artificial, con una personalidad metódica y un poco fría, que transmite al exterior una sensación de calma, pero en realidad su mente nunca se detiene).

Mientras escuchaba el parte del general Abdala, la mente de Johan divagaba, sintiendo la punzada del recuerdo. Recordaba el diseño final: no era un hardware tosco, sino un neuroimplante sutil, casi imperceptible, creado con Valentina Raskminoff y ordenado por la Alianza Pax Silica. Fue vendido como la solución definitiva a la ansiedad y la falta de enfoque de la población del mundo. Ahora sabía que el hardware acelerador de redes neuronales de Azrael-7 monitorizaba en tiempo real y manipulaba los estados mentales, percepciones visuales y el «diálogo interno» de un receptor, orquestando el control comportamental de la humanidad bajo una capa de falsa felicidad.

—¡Johan, Johan! —dijo Kaasim—. ¿Acaso no estás escuchando?

—Sí, general… le escucho —respondió Johan, dejando la taza intacta sobre la mesa de metal—. Simplemente recordaba las discrepancias éticas que debatía con Valentina Raskminoff. Ella defendía la arquitectura digital pura: precisión, versatilidad, escalabilidad. Querían control totalitario, y los ceros y unos son perfectos para eso.

—¿Y tú qué proponías, maldita sea?

—Redes análogas —respondió Johan, con voz casi susurrando—. Las que yo diseñé para el prototipo. Operan en continuo, como la naturaleza, son energéticamente eficientes y, crucialmente, permiten el libre albedrío por su caos inherente. No se pueden programar para el sometimiento absoluto… al menos, no tan fácilmente.

—¿Cuál fue el desenlace? —preguntó Kaasim.

La respuesta de Johan fue clara y escueta, reflejando su fría resignación:

—Aunque las redes analógicas prometen una eficiencia energética superior, su implementación es más compleja y, lo que es peor para la Alianza Pax Silica, demasiado humana. Valentina ganó. Y la humanidad eligió la eficiencia de la máquina sobre su propia alma.

—Valentina ganó la batalla tecnológica —concluyó Johan—, pero se olvidó de un detalle en el código.

Kaasim frunció el ceño. —¿Cuál?

—El factor humano —respondió Johan—: la ineficiencia, el error, la duda. La actualización de paz mental elimina la angustia, sí, pero también elimina la creatividad. El sistema Azrael-7 es estático en su perfección.

Johan caminó hacia la salida de la sala de reuniones.

—Prepara a la unidad de choque, general. Si queremos romper la colmena, necesito que encontremos a Valentina. Ella sabe cómo encender la máquina, pero yo… yo sé cómo apagar la consciencia colmena de la máquina sin matar a quienes están dentro.

Continuará…

¿Qué incógnita le espera a la humanidad?

¿La era de los hombres habría terminado? ¿La era del error humano estaría por comenzar de nuevo?

¡No te pierdas el siguiente capítulo el próximo miércoles!

Gracias por abrir estas páginas y dejarte llevar por la historia. Colorín colorado, este cuento no se ha terminado, espero que su magia se quede un poco más contigo y disfrutes del siguiente capítulo. Me gustaría que compartas conmigo tu opinión.

Juan José Montes Noriega — El glotón metiche. · eltatagloton@gmail.com

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