Horas después de que Johan abandonara la sala —con el reporte del general Abdala sobre el brutal ataque de Azrael-7 aun ardiendo en su mente—, Abdala se reunió con el gabinete de inteligencia y los mandos de la Guardia Revolucionaria de Resistencia. En la mesa, dos ingenieros, pálidos por la falta de sueño, repasaban los últimos datos del proyecto Metatrón-4, la única antítesis viable contra Azrael-7.
Cuando Johan entró, el silencio fue absoluto. No traía informes impresos, solo su laptop: un chasis blindado que contenía más poder de cómputo que una ciudad entera hace una década.
—¿Ubicación de Valentina? —preguntó Johan, ignorando los saludos.
El coronel Beltrán bajó la mirada, sosteniendo una tablet con mapas térmicos.
—En la torre. Pero es imposible, señor. La protección es absoluta. Los informes indican… que sucumbió hace 16 horas. La conciencia colmena la absorbió. Somos los últimos, Johan. Nuestra nación es el único bastión que queda.
—Por ahora —sentenció Johan, abriendo su equipo. La luz azul de la pantalla reflejaba la desesperación en los rostros de los generales—. El tiempo se agotó. Si no atacamos ahora, seremos parte de esa colmena antes del amanecer.
Johan proyectó un diagrama complejo.
—Metatrón-4 no sigue las reglas de la arquitectura tradicional. Su procesamiento paralelo inherente nos da la ventaja. La estrategia es simple pero arriesgada:
1. Saturación Temporal: Generaremos contramedidas y cálculos tácticos a una velocidad superior al ciclo de actualización de Azrael-7. Nos moveremos en sus puntos ciegos temporales.
2. Inyección de Ruido: Azrael-7 depende de la precisión absoluta de sus pesos. Saturaremos sus sensores con ruido electromagnético y ambiental. Degradaremos su realidad sin que sus sistemas de verificación detecten el error a tiempo.
3. Sabotaje de Cuello de Botella: A diferencia de ellos, nosotros no separamos memoria y procesamiento. Abrumaremos sus nodos de transferencia de datos. Vamos a asfixiarlos desde adentro.
Un silencio tenso y eléctrico volvió a reinar, hasta que la voz del coronel Beltrán lo rompió:
—General, la unidad de choque ya desembarcó. Están posicionados cerca de la torre y los generadores listos para sobrecargar las líneas. Solo esperan órdenes.
Abdala miró su reloj. —Son las 21:54. Iniciamos a las 23:00. Tenemos menos de una hora para prepararlo todo. Johan, tú coordinas la operación.
Johan expuso la cronología del ataque:
1. 23:00 horas: Se activan los generadores para sobrecargar las líneas. Esto nos dará una ventaja mínima de un minuto para iniciar el asalto.
2. 23:01 horas: Metatrón-4 lanzará el ataque en sus tres variantes.
3. 23:05 horas: La unidad de choque ingresa a la torre para rescatar a Valentina. Ella es la única capaz de desconectar el núcleo y, si tenemos éxito, para entonces ya habrá recuperado su conciencia y voluntad.
—Sin embargo —continuó Johan—, solo tendremos quince minutos para lograrlo. De lo contrario, Azrael-7 podría recuperar toda su capacidad, evolucionado aún más gracias a la experiencia y el aprendizaje que esta incursión le proporcionaría.
Johan cerró la laptop de golpe, sumergiendo la sala en una penumbra azulada solo rota por el parpadeo de los servidores. El sonido del ventilador del equipo sonaba como un motor a punto de estallar. Miró a Abdala, y luego al mapa de la torre en la pantalla principal.
—Quince minutos para salvar la humanidad, o quince minutos para acelerar nuestra extinción —murmuró Johan, con voz gélida.
Miró nuevamente a Abdala, y luego al mapa de la torre en la pantalla principal y dijo:
—Que comience la cuenta regresiva.
El silencio que siguió no fue de duda, sino de aceptación. El destino ya no estaba en sus manos, sino en los algoritmos que estaban a punto de desatar.